martes, 28 de febrero de 2012

If today was your last day...

"Each day is a gift, not a given right..."


Todos conocemos alguna canción que nos hace reflexionar. En mi caso, que no me despego de la música ni de dormida, son muchas las que tienen ese efecto. Pero hoy, me ha dado por escuchar If today was your last day (de Nickelback, para los que se hallan perdidos musicalmente).
Muchas veces he sacado frases de algunas canciones, y las he copiado en diversos sitios, porque me parecen significativas. Pero creo que de esta sacaría todas y cada una de las frases.
Escucharla más de mil veces me ha hecho plantearme la cuestión del estribillo:
"If today was your last day, and tomorrow was too late... ¿could you say goodbye to yesterday?"
Supongo que muchos lo verán como la típica pregunta de: ¿qué te gustaría hacer antes de morir?, para luego soltar patochadas como: "hacer paracaidismo" , "conocer a Brad Pitt" o "bañarme con tiburones en el Caribe"
No digo que esas cosas no sean estupendas (menos los tiburones, odio los tiburones), pero yo hablo de algo más profundo. 
Es decir, la pregunta que me planteo al oír la canción es: ¿qué estoy haciendo con mi vida?
Supongo que visto así, es decir, si me preguntan eso, podría sacar una reflexión de ochocientas páginas mínimo. Pero no me apetece escribir tanto, así que, para ayudarme, echaré mano de las frases de la canción. Let's start. 
"...leave your fears behind" Mmm... Una frase difícil. Más aún para mi, que soy una de las personas más miedosas sobre la faz de la Tierra. Y no estoy hablando mi trauma con los payasos o del miedo que me dieron las películas de REC (que también), si no de aquellas cosas que de verdad asustan, por ejemplo, el miedo a quedarse solo. Esa "fobia" está presente en todos y cada uno de nosotros, aunque no nos demos cuenta o simplemente, no queramos aceptarlo. Lo peor que puede pasar en la vida es no tener a nadie en quien apoyarse, alguien que se preocupe y te quiera. De todas las cosas que me inspiran temor, creo que esta es la peor de todas. Tampoco es que haya encontrado una forma de superarlo, pero sí de vivir con ello. Todos tenemos momentos de soledad extrema, y, aunque no lo haya experimentado, llegado el momento sabré como manejarlo. 
Otro de mis grandes miedos es la muerte. Bueno, no la muerte en sí, es decir, a mi eso de dejarlo todo lo tengo más que asumido, pero hay veces en las que pienso que, llegado el momento de "dejarlo todo", me dará miedo mirar hacia atrás y sentir que no he hecho nada que realmente valga la pena en la vida. Es decir, que haya perdido completamente mi tiempo. 
Esto puede ir ligado a otra frase de la canción, ahora que lo pienso. 
"Every second counts 'cause there's no second try, so live it like you're never live it twice"
Y, efectivamente, en la vida no se puede volver sobre los pasos que hemos dado. Se va hacia delante, siempre igual. Y, respecto a este punto, he oído varias teoría sobre cómo comportarse. 
Por ejemplo, mi abuela siempre me decía que pensara muy bien cuando hago ciertas cosas, y si son importantes más, ya que tengo el defecto de actuar por impulsos desde que tengo uso de razón. 
Pero, por otro lado, mi padrino, que por cierto es una de las personas más sabias del planeta (y atreveos a discutirmelo), siempre me ha alentado en mi defecto. Vamos, que dice que no es malo hacer las cosas dejándote llevar por lo que sientes en el momento, aunque te salgan mal, porque ya habrá tiempo de arrepentirse, aprender y no volver a cometer el mismo error. Aunque no sé muy bien cual de las dos opciones es la correcta, me parece que seguiré actuando como siempre. Es decir, como me sale de las narices. Y lo que tenga que venir, vendrá, y ya tendré tiempo de plantarle cara.  



domingo, 26 de febrero de 2012

...

"You know where you are? You're in the jungle baby, you're gonna yall..."

...
Pues... ejem... Una entrada más... No, esperad... Veamos, una noche más que... Nah, eso tampoco... Ah, esto es un asco. 
No sabéis lo tremendamente difícil que es tener una idea para una entrada, y empezar a escribir. En serio, a mi lo que más me cuesta es poner el título y las primeras líneas. 
Bueno, he dicho una idea, pero la verdad es que tengo miles. Pero hoy expondré la última, que me ha venido a la cabeza después de leer el blog de mi amigo Pablo, el cual, por cierto, dice que me impaciento por leerlo sólo por quedar bien. Nada más lejos de la realidad, pero bueno, estos hombres, a su ritmo. 
En fin, el caso es que su última entrada me ha recordado al Carnaval del fin de semana pasado. Sí, ese en el que me debió de dar un aire extraño, porque mi disfraz de marinera era la cosa más corta, escotada y ajustada que me había puesto nunca. Nada que ver con los vaqueros, camiseta de Guns N' Roses talla XL y botas moteras que llevé el año pasado. 
Os juro que veo las fotos y me da hasta vergüencita. (Del disfraz de marinera, el de Axl Rose del año pasado era genialísimo)
Tampoco sé muy bien qué narices os da a los chicos cuando veis un escote o una falda corta. Es decir, sé que sois unos animales que os dejáis llevar por vuestras hormonas revolucionadas, pero digo yo que podrías disimularlo un poco, ¿no creéis? 
Porque, veamos, sales un sábado, el sábado de Carnaval mismo, y ves a chavales que siguen a alguna chica con la cabeza como girasoles buscando la luz del sol. 
Algunas se sentirán halagadas, supongo que con razón, pero hay chicas que tienen la cabeza más o menos sobre los hombros (pongo más o menos porque me quiero incluir en ese grupo, y si pongo "tienen la cabeza completamente sobre los hombros", pues como que no cuela), a las que no les hace mucha gracia que las miren como si fueran el último juego de la Play Station en un escaparate. 
Y, ya que estamos, hablemos del espinoso tema de entrarle a alguna chica. Porque sé que entre vosotros intercambiáis diferentes tácticas sobre cómo empezar a ligar con alguna de nosotras. Y, por lo que mi experiencia me permite observar, la gran mayoría son erróneas. 
Y es que, vamos a ver chicos, no podéis acercaros a una chica y soltarle un: "Hola guapa, ¿te invito a algo?" o "Qué guapa eres, ¿te apetece bailar?"  Tampoco sirve la dichosa frasecita de Cómo conocí a vuestra madre, esa de: Hola guapa, ¿conoces a (insertar nombre del interesado aquí)?
Y si ya decimos alguna obscenidad, en vez de un baile os podéis asegurar una hostia bien dada. 
A vosotros esas frases os sonaran familiares, incluso hasta útiles, claro, porque vais a lo que vais y no queréis comeros la cabeza, pero os diré una cosa: si de verdad queréis que alguna de vosotras caiga en vuestros jueguecitos, aseguraros de hablar con tacto, que las frases que el alcohol se encarga de expulsar por vuestra boca no son lo que queremos oír ni mucho menos. Curráoslo un poco, que tampoco cuesta tanto.
Que, a lo mejor, si os coméis un poco más la cabecita (que tampoco mucho, nosotras sabemos que vuestro cerebro no da mucho de sí en este tipo de situaciones), y nos decís algo medianamente dulce, lo mismo picamos.
Quién sabe. 

domingo, 19 de febrero de 2012

I always end up hurtin' you...



Adoro la capacidad que tiene mi madre para dar consejos. En serio. Siempre sabe decir lo correcto en el momento adecuado. Esta vez, lo ha hecho de forma especial. Me ha contado una fábula. Sí, ya sé que no suena bastante halagüeño, pero creo que se puede sacar algo de ella...


"Un día, un padre le dijo a su hijo que tenían que ir a la cuidad, a hacer negocios. El camino era largo, y la carga pesada, por ello llevarían con ellos un burro. Se pusieron en camino, los dos caminando al lado del animal. 
Para llegar a la cuidad, tenían que pasar primero por varios pueblos, y, al llegar al primero, el padre y el hijo oyeron a la gente que cuchicheaba:
-Mirad a esos dos, vaya torpes, teniendo un burro, van a su lado, caminando, sin subirse a él y así no cansarse. 
Al salir del pueblo, el padre pensó que era buena idea, y subió a su hijo a lomos del burro.
Pero, al llegar a otro pueblo, la gente que los veía murmuraba a su paso:
-¿Habéis visto que niño tan desconsiderado? Va encima del burro y su padre, que es mayor y se cansa con más facilidad, va caminando a su lado. Qué vergüenza. 
Al salir de allí, padre e hijo cambiaron los roles: ahora iría el padre subido en el animal. 
Al siguiente pueblo, la gente seguía cotilleando, esta vez diciendo:
-Dios mío, ¡que irresponsable ese padre, qué tirano! El va encima del burro y el pobre chaval, andando a su lado... 
Al final, acabaron los dos subido en el burro. Y en el siguiente pueblo...
-¿Habéis visto a esos dos? ¡Subidos en el pobre animalito, que tiene que soportarles a ellos y a la mercancía! Que crueldad..."


A simple vista no parece más que un texto cualquiera sacado de algún ejercicio de un libro de Lengua. Aún así, mi madre me hizo ver que la enseñanza de esta fábula es que no se puede tener contento a todo el mundo, que hagamos lo que hagamos siempre va a haber alguien que esté en desacuerdo.
Personalmente, llevo toda mi vida intentando hacer lo mejor para todos, aunque eso significara que hubiera momentos en los que me tenía que aguantar ciertas cosas, momentos en los que no pudiera hacer lo que yo quisiera, momentos en los que tenía que sacrificarme, todo porque los que me rodean no lo pasaran mal, o simplemente no me juzgaran. 
Llegué a un punto en el que tenía que fingir todos los días una sonrisa, todo para que las personas que se preocupan por mi y que me quieren no tuvieran que molestarse.
Pero hoy me doy cuenta de que todo aquello no ha servido para nada. 
Sí, les he ahorrado disgustos y preocupaciones a algunas personas, pero se los he dado a otras. 
Ahora comprendo que el estado de felicidad no existe, que todos tenemos problemas, que todos nos equivocamos y que tenemos que lidiar con ello, y que cada vez que superamos algo, es una experiencia que nos hace aprender. 
Ha llegado el momento en el que tengo que mirar por mí, por estar bien conmigo, y, aunque eso no signifique que lo que piensen y sientan los demás me dé lo mismo, tengo la sensación de que puedo preocuparme por ello, pero poniendo a mi persona en lo alto de mi lista de cosas a tener en cuenta. 
Por que errores he cometido, sí, y bastantes, pero, si después de una disculpa y arrepentimiento sincero, siguen sin tener solución, ¿qué más puedo hacer?
Creo que, si cada uno sentimos que nos arrepentimos sinceramente por cada error en nuestro interior, es suficiente para limpiar nuestra conciencia y seguir adelante. 
Espero no equivocarme. 



jueves, 16 de febrero de 2012

Dicen que cuando las cosas van mal, cuando tocas fondo, cuando ya no alcanzas a ver la luz, el único camino que hay es hacia arriba. 
Como la canción de James Morrison. 
Desgraciadamente, hay veces en las que estás en lo más profundo, intentando subir, y no encuentras una manera. Alzando la vista hacia lo que antes era un cielo azul, no se puede ver ahora nada. Entrecierras los ojos, intentas saltar, gritas desesperadamente por si alguien te oye... pero desistes al oír el eco de tu propia voz. 
Te sientas en un rincón, sientes el frío y cierras los ojos. Y así todo el rato, porque te da miedo abrirlos y ver que a tu alrededor no hay nada. 
Pero, cuando decides abrirlos hacia lo que antes era completa negrura, y descubrir que lo que yace en el fondo, contigo, son todos tus miedos, errores, malos recuerdos, fantasmas de personas a las que heriste, o que te hirieron, sentimiento que en su tiempo fueron preciosos aunque con el tiempo ya han muerto, y sentimientos actuales que se alejan bastante de lo que nosotros entendemos por "precioso", te das cuenta de que lo mejor es volver a cerrar los ojos.
Aunque, incluso así, con los ojos cerrados, todo lo que hay en el pozo acecha, incombatible. Pruebas a volver a gritar, pero, una vez más, no encuentras respuesta, 
Es entonces cuando te das cuenta de que sólo hay una salida. 
Hacia arriba.
Ya has hecho todo lo que podía acabar contigo, por ello estás en esa oscuridad. Y, si ya has pasado por ello... el camino hacia la salida no será tan desagradable como la caída. 




miércoles, 15 de febrero de 2012

...what if?

"It's a beautiful lie to believe in, but I've got to remember this is just a game"


El otro día, bueno, más bien ayer por la tarde, mientras hojeaba una revista, me encontré con un test que, presumiblemente, aseguraba que podría averiguar por qué una persona no tiene pareja. Y a mi, en mi infinito aburrimiento, no se me ocurrió otra cosa que completarlo. 
El resultado fue tan sumamente patético como certero. Según él, el motivo de que esté soltera se debe a mi miedo a las relaciones. A que me hagan daño, vaya. 
En aquella solución del dichoso test, también añadía que, para superar ese miedo mío tan irracional, debería dejar de cerrarme, confiar más en las personas, que el amor es bonito, maravilloso y demás chorradas románticas que parecían sacadas de la saga "Crepúsculo".
JAJAJAJA
En fin. Muy a mi pesar, debo admitir que tiene parte de razón. Muy a mi pesar, que odio reconocer este tipo de cosas.
Y aquí me encuentro, escuchando "The reason" de Hoobastank, pensando si debería hacer caso a la supuesta psicóloga que ideó aquel test. 
Por una parte, no tengo ningún inconveniente en llegar a "conocer" a alguien, pero, en el fondo, sé que siempre tengo el pensamiento permanente en la cabeza que dice que me va a hacer daño. Supongo que una mala experiencia tuvo mucho que ver en ese sentido, aunque ahora aquellos sentimientos estén bien guardados en el cajón de mierda. 
Últimamente he llegado a oír la típica frase de "quien no arriesga no gana" más de cien veces. 
Y, por mucha razón que tengan, resulta que ya hubo una vez en la que arriesgué, bastante, y el resultado fue desastroso. Y han sido muchas las veces en las que intenté desterrar pensamientos negativos, pero ¿de cuántas maneras se puede destrozar un corazón y esperar de él que continúe latiendo? 
En fin. Supongo que no es bueno seguir con este estúpido miedo a llegar a querer a alguien, pero en estos momentos no tengo la más mínima intención de volver a meterme en otro lío. Tal vez me arrepienta en un futuro, tal vez no. Pero esta vez no voy a ser yo quien apueste. 
He llegado a la conclusión de que el amor promete ser más difícil de comprender que la física cuántica. Y yo soy de letras. 

lunes, 13 de febrero de 2012

"Sé que nunca seré feliz... Pero puedo llegar a ser muy alegre"
                                                                                                -Marilyn Monroe. 


Todos tenemos algún motivo por el que sentirnos mal. 
Tal vez un examen que nos ha salido mal, una pelea en casa por una gilipollez, una persona que nos gusta y que no nos hace caso, una cosa que queremos y que sabemos que nunca podremos conseguir.
Hay veces en las que nos paramos a quejarnos, a decir que nuestra vida es un asco, que más nos valdría no haber nacido y que puede llegar el doce de diciembre para irnos todos a la mierda. Supongo que es una especie de excusa para no enfrentarnos a aquello que nos aflige, para sentarnos culpando al mundo de nuestra mala estrella, sin ser capaces de aceptar que no es que nos hayamos atragantado con las uvas de Año Nuevo y por eso no tengamos suerte, si no que somos nosotros, que vemos las cosas hundirse poco a poco, y, en vez de intentar salvarlas, nos hundimos con ellas. 
Supongo también que hay momentos en los que las cosas que se hunden son demasiadas, y que a veces no tenemos la fuerza suficiente para sacarlas a la superficie. Pero en esos momentos siempre hay alguien capaz de ayudarnos, familiar o amigo, alguien que te comprenda, que no te juzgue, que, incluso aunque también tenga sus problemas, sea capaz de decirte:
"Siempre hay motivos para sonreír"
Y, siguiendo con mis suposiciones, nunca esta de más agradecérselo, ¿verdad?





Entre tú y yo, la realidad...

"Se me acaba la noche, la salud y el dinero. No te pierdo de vista y ya te echo de menos. No quiero ningún gramo que no sea de tu cuerpo"


Qué curioso. Después de torturarme por una persona durante tanto tiempo, resulta que aparece otra con la que llenar mi cabeza cuando tengo otras cosas en las que pensar. 
No creo que sea la típica persona que se "enamora" del primero que pasa. Aunque a veces lo parezca. En realidad, si miro en mi historial, sólo habrá una persona que, si lo supiera, podría alardear de haber conseguido lo que yo creía imposible. Que me gustara de verdad. 
Recuerdo bien como empezó, los nervios al verle, buscar su nombre en la lista de personas conectadas al chat, mirar a todas partes en un sitio en el que sé que va a estar, con la esperanza de que aparezca de una vez, hablar de ello con amigos...
Ahora, por mucho que me fastidie, se repite la historia. Aunque seguramente sea para acabar como la anterior. 
Tal vez tenga alguna posibilidad. Pienso en ello las veces que hablamos, las veces que me hace reír, las que me hace enfadar. Aunque tal vez sean sólo gilipolleces mías, cuentos que me monto en la cabeza. No lo sé. 
Lo que de momento sí que sé, es que no tengo la menor intención de arriesgarme a hacerme daño de nuevo, no quiero volver a pasarlo mal por nadie más. 
Dicen que el que no arriesga no gana, pero no he salido de un remolino para meterme en otro. 
Supongo que a veces en la vida hay que resignarse. 

jueves, 9 de febrero de 2012

Promise me

"Promise me to look back at us, as a time in your life you enjoyed"

Todos cometemos errores. Algunos son graves, otros no tienen casi importancia; unos son simples de solucionar, otros más bien no tienen arreglo. 
Son muchos los errores que he cometido. A veces, he conseguido enmendarlos. A veces.
Otras, los he guardado en un cajón, a la espera de tener valor algún día para sacarlos y arreglarlos.
Varias veces me han dicho que la última decisión que he tomado, que fue decirle que sí, era un error. No quise creerles, tampoco pensé mucho en ello. Simplemente creí que, si de verdad era un error, ya tendría tiempo para arrepentirme de ello. 
Ahora, miro atrás y veo que no, que no ha sido un error. Aun así, en cierto modo me arrepiento.
Me arrepiento de no haber pensado algo más, porque con todo esto lo único que he conseguido es hacer daño a una persona que no se lo merecía. 
Me gustaría volver atrás y haber cambiado ese sí por un no, pero eso significaría también cambiar mis sentimientos. Aunque ahora mismo no sean los que eran. Así que supongo que lo único que puedo hacer ahora es decir lo siento. 
Lo siento por haberte hecho creer que lo que yo sentía era igual de fuerte que lo que sentías tú, siento haber tomado decisiones sin pensar, sin mirar bien qué era lo que yo quería, siento haberte decepcionado, y, ahora, siento no poder darte la respuesta que tu quieres oír. 


Bueno, dije que lo único que podría hacer era pedir disculpas, pero también puedo asegurarte de que no me arrepiento. Sigo pensando que no fue un error. 
Pero prométeme que, cuando mires atrás, tú tampoco lo verás como tal. 





miércoles, 8 de febrero de 2012

Wake up.

"El sueño es el cumplimiento (disfrazado) de un deseo (reprimido, apartado)" 
                                                                                                                                Sigmun Freud. 


Es impresionante la forma en la que los sueños que tienen te hacen plantearte qué estás haciendo con tu vida. 
Anoche tuve un sueño. Soñé que estaba en un autobús, de camino a casa de mi madre. Estaba sentada al final del todo, apoyada en la ventana, escuchando música. 
Sin embargo, aparte del mío, el resto de los asientos estaban vacíos.
El viaje, como todos los viajes en los sueños, acabó en segundos. Cuando pisé la estación, estaba igual, o más desierta aún que el autobús que me llevó hasta allí. Ni pasajeros, ni conductores, ni empleadas en la taquilla. En la cafetería en la que me suelo tomar un café con mi madre cada vez que tengo que volver a casa, tampoco había nadie. Ni siquiera se oían ruidos, lo que convertía aquella estación fantasma en un lugar aterrador.
Me encontraba inquieta, sí, pero no dejaba de ser un sueño. Sin mirar a mi alrededor, donde seguía sin aparecer ni un triste perro, salí de allí.
Mi impresión inicial de la llegada no se suavizó al ver que la ciudad estaba también deshabitada. Una réplica perfecta de Oviedo, pero sin un alma, se extendía ante mis ojos. Cada vez más angustiada, pero sin poder despertarme, corrí por las calles, hacia la casa de mi hermana. Pero, al llegar a la cuesta que hay que subir antes de llegar a ella, vi que arriba del todo estaba mi madre. 
Aliviada, y al borde del llanto, comencé a subir. Pero la cuesta se hacía más y más empinada, y, como siempre intentaba subir lo más rápido posible, corriendo, me caí varias veces, para descubrir que, al levantarme, volvía al punto de partida. 
Y mi madre seguía de pie, al final, imperturbable. No estoy muy segura de si se dio cuenta de que estaba intentando alcanzarla. 
Al final desperté, con la sensación de dolor por todo el cuerpo que había tenido en el sueño, a causa de las caídas. 

Supongo que no puedo dar a este sueño una perspectiva profesional que le daría un psicólogo. Pero puedo darle mi propia interpretación. 
Toda mi vida he tenido miedo a la soledad. Odio sentir que no tengo nadie a mi lado, alguien a quien poder contarle mis temores, mis secretos, alguien que conozca mis manías, que me aguante y que me ayude a levantarme cuando me caigo. Es difícil encontrar alguien así, y dicen que cuando lo tienes es una de las mejores sensaciones del mundo. 
 Espero que el día que lo encuentre sepa valorarlo. 
Otro aspecto relacionado con mi vida, es que, en mi infinita paciencia (apréciese la ironía en cada palabra), nunca sé hacer las cosas despacio. Siempre quiero llegar antes, o acabar algo deprisa, aunque sea haciéndolo mal, aunque me caiga mil veces. Y no suelo rectificar ese fallo. 
Tal vez haya llegado el momento de tomarse las cosas con calma, de planear el siguiente paso a dar, o acabaré cayéndome de nuevo, sin nadie que me ayude a levantarme y en el principio del camino. 
Supongo que debería empezar a cambiar este punto, antes de que sea demasiado tarde y el sueño se acabe. Porque, cuando eso ocurra, no será precisamente para despertar en mi cama. 






domingo, 5 de febrero de 2012

Lost along the way.

 "I need someone to show me the things in life that I can't find.
  I can't see the things that make true happiness, I must be blind"


Siempre he pensado que era fuerte. Siempre he pensado que podría con todo, que cualquier problema que se presentara, sería capaz de superarlo. Creía que no tenía miedo a nada, que los temores infantiles como mi miedo a los payasos y a la oscuridad, estaban más que olvidados. También creía que era autosuficiente, que cualquier cosa que necesitara, o que quisiera, podría conseguirlo sola, sin la ayuda de nadie. Pensaba que olvidar sería sencillo, que los errores que cometí se arreglarían solos, o se perderían con el paso del tiempo, que herir a personas que quería se arreglaban con un simple "lo siento", y que echar de menos no dolería.
Pero hoy, la nube en la que vivía se ha desecho de repente, y el golpe no ha sido precisamente gratificante.
Ahora sé que no soy esa persona que creía ser, lo cierto es que apenas me parezco.
No soy fuerte. Cuando un problema se pone delante, al principio intento plantarle cara, pero lo cierto es que siempre acabo por rendirme.
Tengo miedo. De muchas cosas. Miedo a perder a mis seres queridos, miedo a que en un futuro mi vida no sea como me la imagino, miedo a no encontrar alguien que me comprenda, miedo a que cuando me caiga, no haya nadie para ayudarme a ponerme en pie... También miedo a la oscuridad y a los payasos.
No sé valerme por mi misma. Cuando necesito algo, siempre suele haber alguien que me ayude a lograrlo, normalmente mis amigos o mi familia. A veces no valoro la ayuda que me prestan, y me adjudico los méritos.
Olvidar puede ser muchas cosas: puede causar dolor, puede asustar, puede ser angustiante... pero ¿fácil? Bendita mi ignorancia.
Mis errores, los que creí que se perdían en el tiempo, en realidad están acumulados en un cajón, el cual, cada vez que miro atrás, se revuelve, esperando que alguien se atreva de una vez a solucionarlos.
Cuando pienso en las veces que hice daño a alguien, ese mismo cajón vuelve a removerse, pues no se trata de pedir perdón y esperar a que las cosas vuelvan a la normalidad, si no de estar atentos al camino para no tropezar con la misma piedra. Pero, a veces, en vez de caminar atenta, recorro el camino corriendo y sin fijarme.
Podría vivir sin muchas cosas, pero, si no están las personas que hacen que mi día tenga algo de sentido, las cosas se vuelven un poco más grises. Echar de menos es uno de los peores sentimientos que se pueden tener.
Supongo que no soy todo lo que yo pensaba, y tal vez debí darme cuenta mucho antes. Aún así, también supongo que nunca es tarde para solventar errores, pedir perdón, superar miedos y hacerse más fuertes.





viernes, 3 de febrero de 2012

Forever

"Es un dolor extraño. No tiene mucho sentido. Tampoco puedo explicártelo si no lo has sentido nunca. Arde, en el pecho, justo donde se encuentra el corazón. Morir de angustia por algo que sabes que no vivirás nunca."


Es curioso. Me encuentro aquí, tras dos años soñando con sus ojos, dispuesta a admitir que todo fue una pérdida de tiempo, que todas aquellas lágrimas por mis sentimientos hacia él, no correspondidos, fueron en vano. Dispuesta a aceptar mi propio patetismo.

No recuerdo cómo empezó. Simplemente empecé a necesitar el verle, hablar con él, aunque fueran cinco minutos, empecé a buscarlo cada viernes por la tarde con la mirada.
En el fondo, lo supe desde el principio. Supe que lo que yo sentía, él no me lo podía devolver. Pero, en mi ignorancia e inexperiencia, soñé. Y fue tan fácil... Una mirada suya bastaba para qe yo me hiciera mi cuanto de hadas en la cabeza.
Claro que intenté olvidarle. Cuando lo decía sonaba sencillo. Tampoco es amor, me decía a mi misma, sólo algo... que no sé que es, pero sea lo que sea, es pasajero.
Pero entonces le veía y mi fuerza de voluntad ardía, se reducía a cenizas causadas por el fuego que se alojaba en mi pecho, el fuego que sólo él podía controlar.
Empezó a tornarse insoportable. Me miraba al espejo, con el fantasma de mis lágrimas aún en las mejillas. No, no quería estar así por un chico cualquiera, ¿quién querría? Pero no podía evitarlo. De hecho, aún no puedo evitarlo.
Quiero pensar que esta es la última vez que desperdicio lágrimas por él. Quiero pensar que la próxima vez que le vea, no me va a doler. Quiero pensar que podré mirar a otros chicos sin buscar en su rostro algún parecido a él. Quiero pensar que soy lo suficientemente fuerte para ignorarle.
Pero hay algo que no quiero pensar, y es la perspectiva de olvidarle. No es algo que persiga, simplemente quiero conservar su rostro en mi mente, pero que sea un recuerdo que no duela. Dicen que se aprende a vivir con un amor no correspondido, y que, con el tiempo, deja de arder.
Guardaré las cenizas.