lunes, 1 de abril de 2013

Remember.

La capacidad que tenemos los seres humanos para recordar es, cuanto menos, curiosa. Puedo recordar sin problemas algo que ha pasado hace un año, y, sin embargo, no estoy segura de lo que llevé puesto el Lunes pasado. Me pregunto qué parte del cerebro se encarga de organizar los recuerdos, separando los prescindibles de los inolvidables, y cómo sabe qué es lo que hay que guardar en la caja fuerte y qué hay que tirar. Ojalá se pudiera manipular, porque a veces, los recuerdos pueden llegar a ser crueles. Nuestra cabeza evoca imágenes, olores, sensaciones y sonidos tan nítidos, que, al abrir los ojos y regresar a la realidad presente, duele. Duele tanto que deseas cerrar los ojos y vivir en ese mundo formado por recuerdos para siempre. Pero es imposible, y así, sólo tienes dos opciones: olvidar o convivir con los recuerdos. 
Olvidar es un proceso sumamente lento y también doloroso, pero cuentas con la garantía de que, cuando elimines esos recuerdos que contaminan tu cabeza, ya no sufrirás más. Pero, ¿merece la pena olvidar personas y momentos maravillosos, sólo porque ya no estén aquí y no vuelvas a vivirlos? ¿Merece la pena también borrar momentos que quizá fueron algo duros, pero de los cuales aprendiste y te hiciste más fuerte?
La perspectiva de dejar de sufrir es muy atractiva, pero, a mi parecer, creo que es mejor evocar todo lo bueno de cualquier situación pasada y traerlo al presente para aprender de ello.